| EL SAT TRASPASA BARRERAS |
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Son las 8:00 de la mañana de un día lunes, Isabel Sorto se dispone a que una mujer policía le llame para hacerle el chequeo rutinario, para entrar donde ella presta sus labores como tutora. El ambiente es cerrado, celadores por todas partes, caras de pocos amigos y una rigurosa seguridad, sin embargo dentro de este ambiente que es el del Centro Penal de Gracias, Lempira, 10 personas esperan ansiosamente recibir el pan del saber que gracias al SAT ha tocado las puertas de estos 10 alumnos del primero de Bachillerato que a pesar de estar privados de libertad se esfuerzan día a día con la tutora para que al cumplir sus condenas salgan como ciudadanos productivos y puedan acoplarse a la sociedad activamente con principios renovados ; esto sucede en un reclusorio, lo que nos recuerda que la educación no tiene barreras y que el SAT una vez más demuestra que es una alternativa para las personas que no tienen acceso a educación media. Por Orlando García |

